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El primer gran héroe africano vino de Etiopía. Su nombre era Abebe Bikila  (Mout, 7 de Agosto 1932 – Addis Abeba, 25 de Octubre 1973) y su gran mérito fue lograr el primer oro para África en unos Juegos Olímpicos al ganar descalzo la maratón batiendo el récord del mundo y repetir victoria cuatro años más tarde en Tokio, también bajando la plusmarca mundial. Bikila demostró que el continente negro estaba capacitado para ponerse a la altura de occidente, no sólo a través de sus revoluciones que estaban llevando a cabo sus independencias, sino también a través del deporte. Y lo hizo en un país que, bajo el régimen de Mussolini, había sido el opresor de su pueblo.

Bikila comenzó a correr más bien tarde. Empezó a correr con 17 años, pero fue descubierto por el entrenador sueco Onni Niskanen, quien le enseñó a correr.  Le gustaba, pero nunca pensó en dedicarse a ello hasta que vio a unos compatriotas suyos desfilar por el Palacio del emperador Haile Selassie I con la equipación oficial de su país. Eras los atletas etíopes que había participado en Melbourne’56. A un miembro de la Guardia Imperial como él eso de defender a su pueblo con el simple esfuerzo de sus piernas le atraía mucho.

Así comenzó su andadura como atleta. Poco a poco comenzó a ganar diversas pruebas de fondo y batiendo récords en el campeonato de las Fuerzas Armadas, entre ellas la maratón. Sin embargo, pese a su cierto reconocimiento, fuera de Etiopía no le conocía nadie y no fue seleccionado para participar en los Juegos de Roma. Hay veces que el destino es caprichoso y con Bikila lo fue. Una lesión jugando al fútbol de uno de los miembros del equipo de maratón permitió su inclusión. Él no desaprovecharía el regalo que le hicieron.

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Bikila pasó a la historia el 10 de septiembre de 1960. Aquel día un etíope desconocido empezó la maratón descalzo. Las zapatillas que le dieron para correr, unas Adidas (patrocinador olímpico) no le resultaban cómodas.. Después de soportar las miradas impertinentes de los demás deportistas, el desconocido corredor etíope se lanza a la que será una de las carreras más sobrecogedoras de la historia del atletismo  Aunque él se encargaría de darle un toque heroico al final de la prueba. “Quería que el mundo supiera que mi país, Etiopía, ha ganado siempre con determinación y heroísmo”, dijo.

Ganó sendos oros batiendo el récord del mundo.

Todo el mundo se quedó impresionado viendo a un atleta correr descalzo al tiempo que pensaban que así no iba a llegar a ninguna parte. Pero lo cierto es que llegó muy lejos. Bikila se destacó muy pronto sobre el empedrado romano y junto con el marroquí Rhadi Ben Abdesselam, el gran favorito, llegaron hasta los últimos 3 kilómetros. Cuando ambos pasaron junto al obelisco de Axum, expropiado a los etíopes, Abebe apretó para llegar solo a la meta estableciendo una nueva plusmarca mundial de 2h15:16; 8 minutos menos que la anterior plusmarca. Bajo el arco de Constantino, el mismo desde el que Mussolini partió con su ejército a la conquista de Etiopía, Bikila redimió a los suyos y puso a Italia a sus pies.

Cuatro años más tarde, esta vez con zapatillas, volvió a ganar el oro en Tokio batiendo de nuevo el récord del mundo con 2h12:11. Se convertía en el primer atleta en revalidar el título olímpico de maratón, algo que después de él sólo ha conseguido el alemán Waldemar Cierpinski (Montreal’76 – Moscú’80). Y de nuevo lo logró de forma heroica e impresionante, porque sólo seis semanas antes había sido operado de apendicitis, lo que afectó a su programa de entrenamiento. Bikila rompió todos los esquemas. No sólo ganó, sino que acabó tan entero que esperó a sus rivales haciendo una tabla de gimnasia.

La orquesta olímpica no conoce el himno de Etiopía y durante la entrega de medallas suena el himno de Japón. Desde aquel momento el himno de Etiopía nunca más será olvidado y pasa a ser conocido a nivel mundial gracias a las gestas de Abebe Bikila.

Bikila

Contaba el gran Abebe en los años 60, que para no aburrirse en sus largas jornadas de entrenamiento por los campos etíopes, se dedicaba a cazar aves y mamíferos a los que seguía animosamente durante los 42 km de práctica ,distancia  que casi ningún animal es capaz de resistir sin descansar.

En los Juegos Olímpicos de México’68 Bikila, ya con 36 años, no pudo hacer triplete por culpa de unas molestias en su rodilla y, sobre todo, porque padeció el mal de altura, lo que le obligó a retirarse a los 15 kilómetros. Esa fue su última participación olímpica y la última vez que se le vio correr.

Al año siguiente, Abebe sufrió un accidente de coche (con el Volkswagen que le había regalado el Gobierno por su victoria en Tokio) al intentar esquivar a un grupo de estudiantes en una manifestación. Quedó parapléjico para siempre, algo que aceptó con la misma entereza que cuando obtuvo la gloria. “Los hombres de éxito conocen la tragedia. Fue la voluntad de Dios que ganase en los Juegos Olímpicos, y fue la voluntad de Dios que tuviera mi accidente. Acepto esas victorias y acepto esta tragedia. Tengo que aceptar ambas circunstancias como hechos de la vida y vivir feliz”, dijo entonces.

Fue invitado a los Juegos de Múnich, donde impresionó verle en silla de ruedas al que había sido paradigma de la zancada. La ovación fue atronadora en todo el estadio olímpico. Un año después fallecía como consecuencia de una hemorragia cerebral producto de secuelas del accidente. En su país, más de 65.000 personas y con el emperador Haile Selassie I presente, despidieron a su héroe.

Prácticamente hasta su portentosa actuación en Roma’60, el continente negro no era nada en los Juegos Olímpicos. Bikila fue una inspiración para las siguientes generaciones. Desde entonces, los africanos han ido aumentando su poder en las carreras de fondo, siendo los auténticos dominadores mundiales. Su compatriota, Haile Gebrsselasie, otro de los grandes fondistas de la historia, lo resumió en su día de esta manera: “Bikila hizo que nosotros, los africanos pensáramos: ‘Mira, él es uno de nosotros, si él puede hacerlo, nosotros podemos hacer lo mismo'”.

El estadio nacional de Addis Abeba fue nombrado en su honor.

 Aquí tenéis el enlace donde podéis ver la carrera más sobrecogedora de la historia del atletismo. La Maratón de los Juegos Olímpicos de Roma 60’

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